Los Problemas Existen Como Distinciones Hechas Por Un
Observador y Se Resuelven A
Través del Diálogo
En este artículo abordamos la resolución de
problemas a través del diálogo con referencia a nuestra operación en un
dominio como Observadores.
Para estos efectos nos referiremos a
distinciones desarrolladas en varios campos: La Biología de la Cognición de
Humberto Maturana y Francisco Varela, la Programación Neuro Lingüística y el
dialogismo del intelectual ruso Mijail Bajtin.
Según La Biología
de la Cognición
:
Todo conocer es hacer, todo hacer es conocer.
Todo lo dicho, es dicho por un Observador
Estos asertos corresponden a Humberto Maturana, Y Francisco Varela., ambos chilenos y neurofisiólogos.
Maturana ha centrado su
atención en la comprensión de cómo los procesos biológicos dan lugar a los
fenómenos de conocimiento, comunicación y lenguaje.
Maturana se involucra en el estudio de la neurofisiología de la visión,
lo que lo conduce a trabajar con personas que estaban relacionadas con los
estudios acerca de la retroalimentación en los años 40 (los que llevaron
posteriormente a la formulación de las teorías cibernéticas), y después al
desarrollo de una teoría de la organización de los sistemas vivos, así como
del conocimiento y el lenguaje.
En 1960 Maturana publica un célebre artículo junto con Lettvin,
McCulloh y Pitts, a partir de sus estudios anatómicos de la retina de la rana y
su observación de la existencia de respuestas direccionales en las células
ganglionares de dicha retina. En esa época Maturana se desenvolvía en el campo
de la biología sin estar todavía familiarizado con las concepciones cibernéticas,
como sucederá más adelante. ("Anatomy and Physiology of vision in the
frog (Rana papiens). J. Genetics & Physiology, 43: 129-175, 1960.)
En 1968, invitado a presentar un trabajo sobre la neurofisiología del
conocimiento, Maturana decide enfrentar el problema, no desde la perspectiva del
sistema nervioso, sino desde el operar biológico completo del ser vivo. Al
hacerlo, Maturana descubre que sus dos actividades académicas aparentemente
diferentes, de hecho estaban dirigidas al mismo fenómeno, lo que determinará
el curso posterior de sus investigaciones:.
Haciendo uso de una observación simple que se había descrito años atrás,
Maturana cuestiona el concepto tradicional de percepción. Esto se puede
ilustrar considerando lo siguiente:
La Percepción está determinada por la
estructura del sistema que constituye al ser vivo.
En 1943, Roger Sperry, realizó algunos experimentos de rotación de ojos
en anfibios. En estos experimentos él mostró que los animales "recuperaban
la vista", pero se orientaban en la conducta de captura de una presa con
una desviación igual al ángulo en el que el ojo había sido rotado. Así, al
rotar el ojo en 180 grados, el animal, ante una presa (mosca) presentada en su
campo visual anterior, gira y lanza su lengua como si la presa hubiese sido
presentada en su campo visual posterior. Al interpretar este experimento
Maturana concluye que al utilizar la palabra percepción estamos connotando un
proceso que está determinado por la dinámica de la estructura del sistema que constituye al ser vivo.
"La
conducta de un organismo es sólo una descripción que un observador hace de una
secuencia de cambios posturales (estructurales) que éste exhibe en relación al
medio en que es observado." (SH)
Estos
cambios posturales expresan la dinámica estructural del organismo, y surgen con
participación del sistema nervioso cuando éste existe. Dado que el observador
distingue al organismo como un sistema moviendose en un medio conservando
necesariamente su correspondencia estructural, el observador puede distinguir
conductas que surgen en el organismo asociadas a sus interacciones.
La percepción es la capacidad para hacer
distinciones.
Maturana y Varela formulan su explicación sobre la base de los conceptos
de unidad, organización y estructura. Toda unidad es el resultado de una
operación de distinción que la específica, que la distingue contra algun
fondo. Como tal, toda unidad puede reconocerse al nivel de aquello que, como
unidad, la define o identifica y también al nivel de la unidad de sus
componentes. Se trata de dos niveles
lógicos
diferentes.
¿Qué distingue a un ser vivo?
La
organización de un ser vivo puede caracterizase como un sistema, y su identidad
definirse como un conjunto de elementos interconectados por una configuración
de relaciones, que opera de acuerdo a su estructura, esto es, de acuerdo a cómo
está hecho en el juego de las propiedades de sus componentes, realizando su
organización.
Maturana y Varela distinguen a los seres vivos como un determinado tipo
de organización que se caracteriza por su capacidad de producirse continuamente
a sí misma. Para connotar esta característica acuñan el término: organización
autopoiética, de auto y “poiesis” palabra Griega que significa producir,
hacer, crear. Distintos seres vivos se distinguen porque tienen estructuras
distintas, pero son iguales en cuanto a organización. Es más, los seres vivos
se caracterizan por el cambio permanente de sus estructuras y por la preservación
de su organización.
La organización representa las restricciones que el nivel superior
impone sobre el nivel inferior. Una unidad mantiene invariante su organización,
aceptando todos los cambios posibles de su estructura dentro de los límites de
restricciones especificadas por la organización. Dicho en palabras de Maturana,
la estructura de una unidad puede cambiar sin pérdida de identidad, la
organización, no. Si la autopoiésis se interrumpe, la organización del
sistema -su identidad como una clase particular de unidad- se pierde y el
sistema se desintegra (muere).
Desde el punto de vista de la información, los
seres vivos, según Maturana, operan como sistemas cerrados.
Los seres vivos operan como sistemas abiertos desde el punto de vista
material y energético. En estos aspectos se hallan en continuo intercambio con
su medio.
Todo lo que en los seres vivos ocurre no responde a especificaciones del
medio, sino a sus propias determinaciones estructurales; el organismo determina
cuál configuración estructural del medio gatilla
en él un cambio estructural.
Estas interacciones con el medio pueden ocurrir como perturbaciones o
como interacciones destructivas. Operan como perturbaciones cuando generan
cambios estructurales sin alterar la organización; operan como interacciones
destructivas, cuando desintegran al ser vivo o cuando cambian su identidad.
Desde esta perspectiva la evolución de los seres vivos resulta de una
deriva natural, producto de la invarianza de la autopoiesis y la adaptación al
medio por un lado; y por otro lado, de la determinación estructural y de la
historia de sus interacciones con el medio que han gatillado cambios en su
estructura especificados por su estructura. La deriva da cuenta de un proceso
estructural de transformaciones en el cual ninguna interacción es trivial, pero
donde, a la vez, nada es necesario.
La estructura está determinada por la genética, tiene una enorme
plasticidad, y está en cambio continuo. El cambio sigue un curso u otro, según
las contingencias de nuestras interacciones con el medio en que vivimos.
La arquitectura principal de la estructura de los seres humanos está
compuesta por las redes del sistema nervioso y sus conexiones con el resto de
las células de nuestro cuerpo. Un sistema nervioso opera como un sistema
organizado como una red cerrada de
elementos neuronales interactuantes (incluyendo receptores, efectores y
neuronas entre éstos) que en sus interacciones generan relaciones de actividad de tal manera que cualquier cambio en las
relaciones de actividad que se producen entre algunos elementos de la red, lleva
a cambios de relaciones de actividad en otros elementos de la red. A esta
operación circular del organismo, con su sistema nervioso, si lo tiene;
Maturana, la denomina clausura operacional.
Los
seres vivos sólo existen mientras conservan su organización y su adaptación
al medio. La adaptación expresa la capacidad de reacción a las interacciones
con el medio evitando la desintegración. Por lo tanto, adaptarse no constituye
una opción de los seres vivos. Desde el punto de vista de la biología no hay
seres vivos más o menos adaptados. Si están vivos están adaptados.
"Cuando un observador ve a un organismo mientras
opera en su dominio de acoplamiento estructural (con su medio), reaccionando con
correlaciones senso-efectoras congruentes con las perturbaciones que provienen
del ambiente, como si algunos rasgos de los agentes perturbadores hubieran sido
captados por el organismo y empleados para generar respuestas apropiadas a él,
puede sostener que se ha producido el fenómeno denominado percepción, aun
cuando lo ocurrido sea, de hecho, algo completamente diferente."
El medio ha "gatillado" un cambio en la estructura biológica
del organismo que puede ser explicada en términos de modelos relativos de
actividad dentro de su sistema nervioso o cambios de estado." (SH)
No hay interacción con el medio que no deje efectos en el sistema
nervioso como resultado de los cambios estructurales que tal interacción
gatilla en él. Para un observador, ello puede ser visto como un aprendizaje
adecuado de parte del organismo.
"El aprendizaje es un proceso continuo de
transformación del comportamiento por medio del cambio continuo en la capacidad
del sistema nervioso para sintetizarlo. ... La evocación depende de una
habilidad funcional del sistema para crear, cuando se dan ciertas circunstancias
de recurrencia, un comportamiento que satisface las demandas recurrentes o que
el observador clasificaría como reactivador de uno previo." Maturana, Biology of Cognition (1970).
Un observador ve un comportamiento inadecuado en un
organismo sólo cuando él o ella le exige a este un comportamiento que está
fuera del dominio del acoplamiento estructural a que pertenece, es decir, cuando
él o ella quiere ver en la estructura del ser vivo que trae a la mano con su
distinción, un organismo diferente del que surge y espera una conducta que no
le es propia. (SH)
Desde esta perspectiva, la conducta de un organismo corresponde siempre a
una visión externa "de la danza de relaciones internas del organismo",
efectuada por un observador. No se trata de algo que el ser vivo hace en sí,
sino de algo que tiene sentido para quien observa sus movimientos en su medio (movimientos
expresivos de cambios estructurales internos).
"En estas circunstancias al observar al organismo
en un medio vemos que experimenta cambios
de estado que se nos aparecen como correlaciones senso efectoras (motoras)
cambiantes que describimos como conducta respecto del ambiente. La conducta
ocurre en la relación ser vivo-ambiente que un observador distingue."(SH)
¿Qué es conocer?
Maturana se ocupa primariamente de entender qué puede querer decir la
"cognición" cuando se relaciona con la naturaleza fundamental de los
seres vivos. Rechazando la metáfora del tratamiento de la información como
base de la cognición, él sustituye la pregunta "¿Cómo obtiene el
organismo información acerca de su entorno?" por la de "¿Cómo
ocurre el hecho que el organismo tenga la estructura que le permita operar
adecuadamente en el medio en que existe?" No se puede generar una respuesta
a esta pregunta entendiendo cómo opera un sistema nervioso, la respuesta
resulta operativa a otro nivel lógico. Como observa Maturana
"los sistemas vivos son sistemas cognitivos y la
vida como proceso, es un proceso de cognición. Esta afirmación es valida para
todos los organismos con o sin sistema nervioso". (SH)
Desde esta nueva perspectiva hablar de que el sistema viviente conoce o
hace equivale a lo mismo. En el dominio del operar del sistema viviente, vivir
es conocer y conocer es vivir. En otras palabras, Maturana y Varela proponen la
circularidad de un nuevo principio epistemológico organizador:
Todo Hacer es Conocer y Todo Conocer es
Hacer.
Antes
de especificar esta postura epistemologica veamos qué importancia puede tener
en nuestra vida cotidiana la comprensión de la epistemología desde la cual
operamos.
El hombre y la mujer Occidental del Siglo XX se
enorgullecen de la plétora de elecciones que pueden ejercer. Con el capital
suficiente, un Occidental, puede, por ejemplo, comprar un Fiat o un Chevy,
posiblemente un Volvo - y más importante, hasta puede elegir no tener un automóvil.
De manera similar, el Occidental moderno puede elegir
una epistemología basada en el dominio absoluto de la razón o una epistemología
espiritual - pero más importante aún, no puede operar sin una epistemología.
Puede que no quiera una - hasta puede resistirse con todos sus recursos a alguna
epistemología en particular, pero en ese caso la mera resistencia será una
acción epistemológica.
Hace ya treinta años, Gregory Bateson reconoció y
codifico en sus escritos un hecho profundo acerca de la comunicación humana tan
evidente que por siglos se le escapo, literalmente, a muchos de los más hábiles
investigadores en sus trabajos sobre la conducta humana.
Cuando dos miembros de nuestra especie están cara-a-cara y uno ofrece
una comunicación al otro - y todos los demás aspectos son convencionales (es
decir, que la comunicación ofrecida esté dentro del rango de sensibilidad de
los sentidos del otro, etc.), el otro no puede no comunicar. La otra persona
tiene, por supuesto, amplia libertad, muchas opciones posibles para responder -
palabras, gestos, sonidos, movimientos -, todos los cuales serán percibidos
apropiadamente por la primera persona como respuestas a su primera comunicación.
Noten que aún el caso límite, el rechazo a responder - resulta en sí una
comunicación. Cuando alguien nos dice que no se puede comunicar con tal o cual,
no podemos considerar sólida su posición epistemológica. Sólo indica que hasta
entonces no ha sido capaz de producir en ese o en aquel la respuesta que él
quiere.
La comunicación y la epistemología resultan a este
respecto similares: ubicuas. Uno no puede no comunicarse y además no puede no
tener una epistemología - esta podrá ser inconsciente, no deseada,
completamente inaccesible a su poseedor pero se revela con precisión en la
conducta de esa persona.
¿Cuáles
son las posiciones epistemológicas más notables en el quehacer cotidiano de la
sociedad occidental ?
En la historia de nuestra sociedad Occidental, por más
de 2000 años, ha habido una polarización de posiciones en torno a la pregunta
por el conocimiento. En el siglo XVIII esta disputa la podemos representar a
través de David Hume (1711-1776) en la tradición empírica Británica y por
Immanuel Kant (1724-1804) en la tradición idealista Germana. Esquematizaremos
crudamente estas posiciones.
El principio organizador en la tradición empírica era
alarmantemente simple.
No hay nada en la mente que no provenga de los sentidos.
Una posición como esta, crudamente expuesta, como lo
hacemos aquí, parece perturbadoramente incompleta, y es así, puesto que falta
el contexto en el que fue formulada. Si usted se hubiera criado en un
medioambiente donde los hombres letrados estuvieran debatiendo acaloradamente
sobre el numero de ángeles que podían bailar en la punta de un alfiler, la
doctrina empírica expuesta arriba habría sido un respiro de aire fresco.
Tenemos dificultades con esta posición porque rechaza a los seres humanos como
agentes activos en crear la experiencia. Más fundamental aún: no puede dar
cuenta de una de las experiencias más elementales de la condición humana - dos
seres humanos testigos del mismo evento en el mundo darán subsecuentemente
diferentes descripciones individuales de lo que ocurrió - diferencias más
numerosas a medida que requerimos mayores detalles.
En el otro polo de esta controversia esta Kant que se
comió mucho más de lo que parece digerible. La famosa solución Kantiana fue:
Experimentamos el mundo a través de categorías innatas.
Kant asigna a cada ser humano un conjunto de categorías
innatas, genéticamente especificadas a través de las cuales experimentamos el
mundo - lo que en lo sucesivo llamaremos filtros perceptuales. Ciertamente Kant
reconoce con estas categorías innatas de percepción una tremenda contribución
a la experiencia de parte de los seres humanos involucrados. Desafortunadamente,
el costo es exorbitante - si nuestras experiencias son el resultado de filtros
innatos independientes del mundo, nuestra habilidad de conocer el mundo comienza
a deteriorarse rápidamente y el mundo se pone muy escurridizo.
Es gracioso notar que la posición de Kant da pie a una
consecuencia igualmente poco atractiva al nivel individual respecto de las
diferencias de percepción en las que falla Hume. Al igual que Hume, Kant no
puede dar cuenta de las diferencias de percepción o tiene que asignarlas a
alguna falla en el desarrollo neurológico de las categorías innatas.
Hay dos puntos en los que estas dos posturas epistemológicas
resultan sumamente insatisfactorias. Primero, noten que en ambos casos hay poco
lugar para la responsabilidad individual. Si el mundo real imprime ciertas
sensaciones en la neurología del individuo en función de las propiedades físicas
de los estímulos o si experimentamos las sensaciones estimulantes solamente en
función de las categorías perceptuales innatas, ¿qué cabida tiene la
responsabilidad personal?
La segunda insatisfacción resulta de la manera en que
estas posturas se sitúan con respecto a la escisión mente - cuerpo. Hume y su tropa están condenados a abrigar
experiencias que están basadas sólo en los sentidos, mientras que Kant y su
banda quedan inmóviles, bloqueados en sus neurologías (individuales). Hume y
los empíricos tienen por tarea librarse de la tiranía de un mundo
exclusivamente sensorial, mientras Kant y sus idealistas, atrapados en sus
categorías mentales, tratan de encontrar una puerta de escape hacia el mundo
real. Así respecto del asunto de la relación cuerpo mente, los empíricos
tienen que habérselas exclusivamente con los patrones de lo físico - la
sicología queda atrapada en la física - mientras los idealistas tienen que
luchar y justificar cada uno y todos los vínculos desde una posición
originaria - de la mente al mundo si una tal conexión puede ser demostrada (¿Cómo
podríamos saberlo?) De hecho, la posición mentalista, sin la carga de un ancla
al mundo físico, tiende históricamente a flotar en dirección al espiritualismo.
Veamos entonces si estas
dificultades quedan resueltas cor la proposición de Maturana y Varela:
Todo Hacer es Conocer y Todo Conocer es
Hacer.
Los seres vivos (los seres humanos incluidos) sólo pueden hacer lo que
les está biológicamente permitido. La explicación de Maturana reconoce el carácter
constitutivamente circular de todo conocimiento. Pero por otra parte, dispone de
una concepción sistémica que permite eludir la condición de circularidad en
cuanto obstáculo, en la medida en que compromete niveles
distintos en la comprensión. Ello le permite a Maturana hacerse cargo
positivamente de la condición de circularidad que es propia de la tarea de
acometer el esfuerzo por "conocer el conocer".
Si aceptamos que conocer equivale a actuar de manera efectiva en el
dominio en que un observador espera una respuesta, es preciso reconocer que el
hecho de vivir -de conservar la organización y la adaptación- equivale a
conocer en el ámbito del existir. En la medida en que vivir y actuar en forma
efectiva en el existir como ser vivo son equivalentes, podemos afirmar, desde
nuestra posición de observadores, la equivalencia entre los procesos que
connotamos cuando hablamos de vivir y conocer.
Percepción y alucinación son distinciones que
sólo podemos hacer como observadores. En cambio, para la operación del sistema nervioso como una red neuronal
cerrada es irrelevante cómo se producen sus cambios de estado. Si las
interacciones sólo pueden gatillar estados que están estructuralmente
determinados, el sistema nervioso no puede hacer al operar la distinción entre
percepción y alucinación que hace un observador al observar las interacciones
de un organismo en un medio.
El hacer de un observador en tales circunstancias consiste en distinguir
diferentes tipos de correlaciones senso-efectoras en el organismo observado fijándose
si los cambios estructurales del sistema nervioso que los origina resultan de
perturbaciones del medio, o de la dinámica interna de cambios estructurales del
organismo mismo. El observador llama percepciones a las primeras y alucinaciones
a las últimas. Las circunstancias ambientales que un observador asocia con las
percepciones del organismo observado las describimos como objetos (rasgos) del
mundo. Sin embargo, los objetos que un observador describe en el medio ambiente
de otro organismo no participan como tales en la operación de su sistema
nervioso, y para éste no existen. La estructura del medio participa solamente a
través de perturbaciones estructurales ortogonales a la dinámica de estados
del sistema nervioso de un organismo.
El Lenguaje
Los objetos que describen dos observadores que conversan entre sí,
surgen como tales sólo en el lenguaje como una forma de coordinación
conductual que observamos en el ser humano.
En el modelo de la biología del conocimiento,
"la percepción denota cómo opera un ser humano
en un cierto dominio de acción, en que las diferentes dimensiones perceptuales
(como … forma, matiz o movimiento) son diferentes maneras y circunstancias de
generar correlaciones senso-efectoras, originados como diferentes bordes
operacionales en la intersección de los cambios de actividad que resultan en la
dinámica cerrada del sistema nervioso con los cambios estructurales de las células
sensoras y efectoras cuando éstas son perturbadas en el fluir de las
interacciones del organismo en un dominio particular de acoplamiento
estructural. En este modelo las correlaciones senso-efectoras del organismo
observado definirán los objetos y rasgos de un mundo que él o ella describen
en el lenguaje.
En nuestra experiencia no podemos distinguir entre lo
que llamamos ilusión y percepción. Lo que conocemos lo constituimos en nuestra
observación del mundo, un dominio cognoscitivo no es más que una descripción
de coherencias experienciales usadas para explicar la experiencia, al proponer
mecanismos que generan las explicaciones propuestas." (El Sentido de lo
Humano, p 179)
"El estudio de los fenómenos perceptuales como
fenómenos cognoscitivos es, por tanto, el estudio de distintos momentos
recurrentes del fluir estructural del organismo acoplado al fluir estructural
del medio, como momentos de una historia de interacciones que implica la
conservación de la correspondencia estructural entre organismo y medio. (p. 115
Desde la biología a la psicología).
El nivel lógico cognitivo y la producción de
distinciones.
Sólo como observadores de una historia de cambios dentro de la
estructura y del medio podemos describir el modelo de interacciones por las
cuales la estructura llega a producirse y la relación de dichos cambios para
generar acciones efectivas. Este nivel lógico es el que Maturana denomina
"cognitivo". En este "dominio" cognitivo podemos hacer
distinciones basadas en palabras tales como "intención",
"saber" y "aprendizaje".
"El mundo cognoscitivo que vivimos a través de la
percepción es la producción de un mundo de distinciones a través de los
cambios de estado que experimentamos a medida que conservamos nuestro
acoplamiento estructural en los diferentes medios en los que quedamos inmersos a
lo largo de nuestra vida, y luego, empleando nuestros cambios de estado como
distinciones recurrentes en el lenguaje, producimos un mundo de objetos como
coordinaciones de acciones con las cuales describimos nuestras coordinaciones de
acciones."
"Desgraciadamente olvidamos que el objeto que
surge de esta manera es una coordinación de coordinaciones de acciones
consensuales, y engañados por la efectividad de nuestra experiencia en
coordinar nuestras conductas en el lenguaje, damos al objeto una preeminencia
externa y lo validamos en nuestras descripciones como si tuviera una existencia
independiente de nosotros como observadores -
¿Cómo podríamos coincidir en nuestras coordinaciones de acciones, se
nos dice, si no hubiera un mundo externo objetivo? " La respuesta de
Humberto Maturana es: "coincidimos en nuestras coordinaciones de
acciones, y todo nuestro vivir lo muestra así, en tanto vivimos juntos lo
suficiente como para coordinar nuestras acciones en un mundo que surge con
nuestras coordinaciones de acciones. (Humberto Maturana: El Sentido de lo
Humano." p 179...)
Cuando dos o más organismos interaccionan
recursivamente como sistemas estructuralmente plásticos el resultado es un
acoplamiento estructural ontogénico (que constituye un sistema). Para un
observador el dominio de interacciones especificado a través de dicho
acoplamiento ontogénico estructural aparece como una red de secuencias de
conductas mutuamente entrelazadas... Las
diversas conductas o comportamientos involucrados, son a la vez, arbitrarios y
contextuales. Los comportamientos son arbitrarios ya que pueden tener cualquier
forma mientras ellos operan con perturbaciones que se dispersan en las
interacciones; son contextuales porque su participación en las interacciones
entrelazadas del dominio se definen únicamente con respecto a las interacciones
que definen el dominio... Yo denominaré al dominio de conductas entrelazadas
... un dominio consensual. Maturana,
Biology of Language (1978), p.47.
La generación de un dominio consensual se determina por la historia de
interacciones entre los participantes (y sus progenitores) dentro del dominio físico.
Sin embargo, como observadores de este comportamiento podemos distinguir un
nuevo dominio en el que existe el sistema de conductas. El dominio consensual se
genera en el juego mutuo a través de acoplamientos estructurales determinados
por las demandas de autopoiésis para cada participante.
Maturana se refiere al comportamiento en un dominio consensual como
"comportamiento lingüístico" extendiéndolo para cualquier dominio
de interacciones generadas mutuamente. Los actos
del lenguaje, como cualquier otro acto de un organismo, se pueden describir
en el dominio de la estructura así como en el dominio de la cognición. No
obstante, su existencia como lenguaje está generado en el dominio consensual
por interacción mutua.
La función del lenguaje es orientar.
El lenguaje, como dominio consensual, es una modelización de
"comportamiento mutuamente orientador". Maturana señala que el
lenguaje es connotativo y no denotativo y que su función es orientar al
orientado dentro de un dominio cognitivo y no, en cambio, apuntar a entidades
independientes. Un observador verá a veces, una correspondencia entre el
lenguaje observado y las entidades observadas, precisamente como existe
correspondencia entre el sistema visual de la rana y la existencia de moscas.
La función básica del lenguaje como sistema
orientador del comportamiento no es la transmisión de información o la
descripción de un universo independiente acerca del cual se puede hablar, sino
la creación de un dominio consensual de conducta entre sistemas que interactúan
lingüísticamente a través del desarrollo de un dominio cooperativo de
interacciones. Maturana, Biology of language, p. 50.
El lenguaje es un fenómeno diálogico, que surge como consecuencia de la
recurrencia de interacciones entre seres vivos, de tal manera que la mantención
de la organización y de la adaptación de cada uno se realiza mediante un
acoplamiento con los demás.
Maturana habla de comunicación al referirse a la coordinación
conductual que observamos entre los seres vivos, y de conducta lingüística
para dar cuenta de una dinámica de coordinaciones conductuales recursivas desde
el punto de vista de un observador. La conducta lingüística, por lo tanto,
implica la observación de que los organismos no sólo coordinan sus conductas
en relación al medio (comunicación), sino que coordinan conductas para
coordinar conductas. Cuando el observador describe conductas de interacción
entre organismos en términos tales que el significado que él asume que ellas
tienen para los participantes, determina el curso de tales interacciones,
estamos ante una conducta lingüística.
El hombre es uno entre muchos seres vivos que poseen un dominio lingüístico.
Pero en el hombre se trata de algo mucho más abarcador que en otros seres
vivos.
"Lo fundamental
en el caso humano, es que el observador ve que las descripciones pueden ser
hechas tratando a otras descripciones como si fueran objetos o elementos del
dominio de interacciones, es decir, el dominio lingüístico mismo pasa a ser
parte del medio de interacciones posibles. Sólo cuando se produce esta reflexión
lingüística hay lenguaje, surge el observador, y los organismos participantes
de un dominio lingüístico empiezan a operar en un dominio semántico" (El árbol del
conocimiento, página 139)
Ontología del observador. Todo lo dicho es
dicho por un observador.
Un observador es un ser humano, una persona, un sistema
vivo que puede hacer distinciones y especifica qué es capaz de distinguirse
como una unidad... y es capaz de cooperar como si fuera externo a (distinto de)
las circunstancias en las cuales el observador se encuentra a si mismo. Todo lo
que se diga se hace desde un observador a otro observador, que puede ser él
mismo, Biology of language, p. 31.
Como observadores, generamos distinciones en un dominio consensual. Una
descripción en cualquier dominio (tanto si es el dominio de los objetivos y las
interacciones como si es el de los sistemas físicos) es, inevitablemente, una
afirmación hecha por un observador a otro observador, y está referido no a una
realidad externa sino en el dominio consensual compartido por aquellos
observadores. Las propiedades de las cosas (el hecho, el reconocimiento de cosas
distintas) existen solamente como distinciones operacionales en un dominio de
distinciones especificadas por un observador. Cuando hablamos acerca de sistemas
y su medio, componentes o cambio estructural, hablamos como si fueran cosas y
propiedades externas. Esta es una forma de referirnos a nuestras distinciones al
utilizar el lenguaje, y es siempre un decir "como si" y no una apelación
a lo que las cosas son. Y está forma de operar puede ser útil y otras veces
resulta insana, como veremos luego.
Las distinciones emergen a través del diálogo.
La idea de que todas las distinciones cognitivas las genera un observador
y de que estás dependen de la naturaleza de dicho observador no es nueva. La
diferencia y genialidad en el discurso de Maturana surge con el reconocimiento
de que las distinciones emergen en un dominio consensual; esto implica que
presuponen algún tipo de interacción diálogica en la que se incorpora un
observador:
"El dominio lingüístico como dominio orientador
de la conducta requiere al menos dos organismos interactuantes con dominios de
interacciones comparables de tal modo que se puede desarrollar un sistema
cooperativo de interacciones consensuales en el que la conducta emergente de los
dos organismos es relevante para ambos. El
eje central de la existencia humana es su ocurrencia en un dominio lingüístico
cognitivo. Este dominio es social constitutivamente. Maturana,
Biology of cognition (1970), pp. 41, XXIV.
Al rechazar la posibilidad de conocimiento objetivo independiente del
sujeto, Maturana no adopta la posición solipsística de que nuestro discurso
puede tener que ver, en última instancia, solamente con nuestros pensamientos y
sentimientos subjetivos. Por tratarse de un discurso, éste proceso pertenece a
los fenómenos que se generan en un dominio consensual, dominio que existe para
una comunidad social. La realidad no es objetiva, pero tampoco es individual:
... las diferencias culturales no representan
diferentes modos de tratar la misma realidad objetiva, sino que legitiman
diferentes dominios cognitivos. Hombres culturalmente diferentes viven en
diferentes realidades cognitivas que se especifican recursivamente por medio de
vivir en ellas... La cuestión del solipsisimo surge únicamente como un
pseudoproblema o no surge en ningún caso debido a que la condición necesaria
para nuestra posibilidad de hablar acerca de ello es tener la disponibilidad de
un lenguaje que sea un sistema consensual de interacciones en un dominio
cognitivo dependiente del sujeto; esta condición constituye la negación del
solipsismo. Maturana, Cognitive strategies (1974).
El lenguaje hace posible los procesos de
observación y conciencia reflexíva.
Para Maturana, el lenguaje modifica radicalmente los dominios
conductuales humanos, haciendo posible fenómenos como la reflexión, la
observación y la conciencia. El lenguaje es condición sine qua non para la
experiencia que asociamos a lo mental.
"... en la red de interacciones lingüísticas en
que nos movemos mantenemos una continua recursión descriptiva que llamamos
"yo", y que nos permite conservar nuestra coherencia operacional lingüística
y nuestra adaptación en el dominio del lenguaje". Maturana y Varela, El árbol del
conocimiento, p. 152
La consciencia y lo mental se fundan en el diálogo.
Desde esta perspectiva, lo mental no puede concebirse
como algo que se encuentra en el cerebro. Se reconoce, en cambio, que la
conciencia y lo mental encuentran su fundamento en un lugar muy diferente: en el
dominio de lo social. Allí, en el acoplamiento que los seres vivos establecen
con otros seres vivos, se da su dinámica. Sólo por un efecto reflejo, estos
fenómenos sustentados en condiciones sociales, pasan a considerarse como
manifestaciones de "un mundo interior" del individuo.
"El lenguaje no fue nunca inventado por un sujeto
solo en la aprehensión de un mundo externo, y no puede, por lo tanto, se usado
como herramienta para revelar un tal mundo. Por el contrario, es dentro del
lenguaje mismo que el acto de conocer, en la coordinación conductual que el
lenguaje es, trae un mundo a la mano. Nos realizamos en un mutuo acoplamiento
lingüístico, no porque el lenguaje nos permita decir lo que somos, sino porque
somos en el lenguaje, en un continuo ser en los mundos lingüísticos y semánticos
que traemos a la mano con otros. Nos encontramos a nosotros mismos en este
acoplamiento, no como el origen de una referencia ni en referencia a un origen,
sino como un modo de continua transformación en el devenir del mundo lingüístico
que construimos con los otros seres humanos." Maturana y Varela, El árbol
del conocimiento, p 155.
Desde la perspectiva sugerida por Maturana, la separación de mente y
cuerpo pierde completamente todo sentido. Lo que llamamos mente da cuenta de fenómenos
específicos que remiten a nuestro operar biológico como seres vivos. Lo mismo
acontece con el conocimiento humano. Ambos procesos, sin embargo, no logran
explicarse sin referirse al lenguaje. Por su parte, si bien el lenguaje da
cuenta de determinadas capacidades biológicas de los seres humanos, asociadas
al desarrollo de su sistema nervioso, no es posible comprenderlo adecuadamente
sin reconocer que el lenguaje emerge más
allá del dominio de operar biológico individual. Es
una propiedad del sistema de acoplamiento estructural que los seres vivos
constituyen entre sí en la recurrencia de sus interacciones. El lenguaje es
un fenómeno diálogico así como lo dialógico es un fenómeno social.
Hacemos distinciones al operar como Observadores
y operamos como Observadores en el diálogo. Y a veces las distinciones que
hacemos reifican los procesos de una manera insana.
De hecho, muchas veces usamos (o en verdad hacemos mal
uso de) esas palabras de tamaño mínimo con que conjugamos el verbo
"ser". "Yo soy un
perdedor". "Ella es una
fracasada". "Cualquiera que actúa de esa manera simplemente es perverso". "No puedo hacer nada bien, ¡soy
un incompetente!". Este uso es señal inequivoca de una insania,
según Alfred Korzybski, quien acuño el famoso acerto: "el
mapa no es el territorio", e ilustra la verdaderamente insana respuesta
lingüística de identificación. De esta manera, le damos a nuestro concepto
de identidad un montón de poder. Lo investimos de nuestro verdadero
"ser". Lo hacemos "la última palabra acerca de nosotros
mismos".
No hay que extrañarse entonces de que nuestro concepto
de identidad acarreé tanto peso y poder e influencia en y sobre
nuestras vidas. No es de extrañar que afecte todos los aspectos de nuestro
verdadero ser: el estado de nuestra salud mental (nuestra sanidad), nuestra
salud física, nuestras relaciones, cómo nos adaptamos y adquirimos maestría
sobre diversos aspectos de nuestras vidas, etc. Nuestro marco
de identidad representa uno de los meta-niveles y cápsulas de conciencia más
encumbradas que determinan la estructura de nuestra "realidad".
Si construimos un concepto
de identidad poco útil o tóxico y luego nos identificamos con él, desde
entonces ni siquiera lo cuestionaremos. De ahí en adelante simplemente asumiremos
nuestra autodefinición limitadora como "real", "sólida",
"estable", e "inmodificable". La confundimos con una "realidad". Entonces la usaremos como nuestro mapa de la
realidad al movernos por el mundo. Sin más y desde ahí en adelante él
gobernará nuestras "percepciones", pensamiento, sensaciones, habla,
actuaciones, relaciones, etc.
¿Porqué entonces se siente tan real y sólida? Porque
hemos embutido nuestras representaciones de nuestra "identidad" en un
marco de referencia mayor.
El proceso parte con irnos a una Meta-Posición Perceptual (meta= más allá, más lejos, sobre o más
arriba de) o Posición de Observador
desde la cuál distinguimos algo, una unidad contra un fondo
(percibir=distinguir). Luego decidimos
embutir lo demás en esa distinción como si esta fuera nuestro marco de
"realidad". Hacemos esto a través de identificarnos
con nuestros pensamientos y sensaciones acerca de los eventos o los procesos y
reificarlos, transformarlos en cosas. Y el proceso no termina allí, ya que
enseguida actuamos en consecuencia. Y entonces según cómo distinguimos y decididimos, así actuamos.
Una vez que construimos
un marco-de-referencia y lo usamos
como nuestro mapa mental emocional para navegar por la vida, se convierte en
nuestra estrategia de realidad. Y una
vez que alcanza ese nivel de desarrollo (y abstracción), lo tomamos simplemente
por un hecho. Se convierte en nuestra premisa operacional que nunca
cuestionamos.
Y esa forma puede ser útil y poderosa o inutil e
insana. Pero en este último caso podemos querer cambiar y el mismo proceso lo
podemos usar para realizar el cambio, lo que exploramos en Rediseñar
su Identidad.
El
proceso de distinguir y resolver problemas.
Un teorema central desde la perspectiva constructivista
que hemos desarrollado aquí dice, que toda acción implica (explicita o
implicitamente) una decisión, y que cualquier decisión implica una distinción.
Así no puede haber acción si no hay una distinción. Por tanto por una parte
estamos construyendo nuestro mundo a través de hacer distinciones, y al
hacerlo, dado que existe una lógica de las distinciones, si no nos percatamos
de esa lógica (niveles lógicos) … podemos crearnos problemas.
Condiciones
para un diálogo productivo.
Hemos concluido que las distinciones emergen del diálogo
entre a lo menos dos observadores que operan distinguiendo. Ahora, para que la
conversación entre dos o más personas sea un proceso diálogico útil, o
productivo, se deben cumplir las condiciones que lo hagan tal y no un monologo.
En un diálogo podemos distinguir la ocurrencia de ciertos actos
del lenguaje que contrinuyen a que la conversación adquiera el
carácter
que lo define como diálogo y otros que no. Y aunque esto constituye el tema de
otro articulo, digamos aquí sólo que con frecuencia empleamos los actos lingüísticos
que llamamos "preguntar" y "responder"; también los actos de
"recapitular" (resumir y hacer explicitas las emociones que percibimos
en nuestro interlocutor) y el "validar" las respuestas del otro
(verbales y no verbales) genera respuestas, que amplian, confirmación, o traen
precisión a nuestra comprensión; y el acto de "invitar a imaginar"
que lleva a que el otro responda no sin antes representarse imágenes de un
mundo através del lenguaje visual, auditivo, kinestésico, y otras formas de
lenguaje simbolico, como las metáforas, el lenguaje matématico, el musical,
coreografico, etc..
Ahora si nuestros problemas aparecen bajo la forma de
una pregunta los observamos como la no-realización (o el no desempeño) de una
expectativa, lo que al mismo tiempo los hace aparecer bajo la forma de una
admiración (es increible que ocurra esto...) o de una decepción (que lástima
o que vergüenza que ocurra esto...). Como 'unidad distintiva' un problema
aparece, por una parte, a través de las distinciones de preguntas y respuestas,
y por otra de problemas y sus respectivas soluciones.
Se trata entonces de una relación entre a lo menos cuatro elementos. Un
problema es entonces aquello que desarrollamos en un diálogo con otros o en un
diálogo interno, con la ayuda de a lo menos las operaciones de preguntar y
responder, relacionándolas con una posible solución.
Desde el punto de vista de la biología los seres humanos siempre hacemos
aquello que es coherente con nuestra manera de comprender lo que hacemos. Los
seres humanos cuando operamos en un dominio determinado, cualquiera que él sea,
lo hacemos desde la comprensión explicita o implicita que tenemos de ese
dominio. Nuestros conceptos, ideas,
supuestos, premisas y convicciones determinan las distinciones que hacemos, las
decisiones que tomamos y las acciones que realizamos. En el dominio de las
conversaciones, el sentido que para nosotros tenga la práctica de conversar
determinará cómo emocionamos, imaginamos y reflexionamos, qué actos del
lenguaje utilizamos, la estrategia que seguimos para conducir la conversación y
nuestra interpretación y reacciones frente a sus resultados.
Operando en un dominio
con excelencia.
Todos nosotros operamos de manera sistémica. Somos
todos sistemas expertos. Expertos, claro está, en conseguir los resultados que
ahora conseguimos. Operamos como un SISTEMA COHERENTE en el que todo y sólo
aquello que hacemos está relacionado con todo lo demás que hacemos, pensamos,
imaginamos y emocionamos, y todo eso tiene un sentido o significado que es
congruente con el sentido o significado del todo. Las distinciones, decisiones y
acciones que no hacemos no las hacemos no porque no queramos, por
inconsecuentes, por flojos, o por alguna falla intrínseca, no las hacemos
porque para nosotros no tienen sentido. La cuadratura del circulo.
Las personas que operan en un dominio con fluidez,
obteniendo los resultados que se proponen en forma consistente, estableciendo
relaciones armoniosas con los demás, comunicándose con encanto, operando de
una manera concentrada y a la vez relajada, disfrutando del proceso, terminan su
día cargados de energía, y viven plenamente. Ellos difieren de los demás en
el sentido que le atribuyen a su trabajo y en la forma en que usan su propio
sistema nervioso y el lenguaje a través del cual codifican sus valores,
creencias, su identidad, su sentido espiritual y el significado que crean para
sus vidas.
Todos estos aspectos confluyen en ellos y les permiten realizar lo suyo con excelencia, configurando lo que podemos denominar un SISTEMA EXPERTO o MAPA NEURO SEMÁNTICO DE LA EXCELENCIA (ver Modelar), uno mejor acoplado al medio que el mapa de ruta o sistema experto que constituye la forma de operar en el territorio de otros que obtienen resultados de otra calidad.
Al inicio www.poieticas.8m.com