Trances y Poiesis
La palabra Griega
‘poiesis’ significa ‘creación’, o ‘producción’, viene de la
palabra “poien” que significa ‘hacer’ o
‘realizar’. Platón define el término ‘poiesis’ como: “la
causa que convierte cualquier cosa que consideremos de no-ser a ser” (en El
Banquete ). Entendemos por poiesis todo proceso creativo. Es una forma de
sabiduría, y conocimiento, también una forma lúdica, algo alegre, que está
vivo. La expresión no excluye el juego, puesto que el hombre que juega es ya un
hombre que sabe.
Y puesto que nuestra vida está
compuesta de actos y lenguaje, podemos preguntarnos: ¿De qué manera y qué
efectos nos trae jugar con nuestro lenguaje y nuestros actos?
La imaginación y el trance.
La imaginación nos moldea
sutilmente a lo largo del tiempo, alterando nuestros marcos de referencia. En la
vida cotidiana vemos con frecuencia el mecanismo en operación en el genio de
esos transformadores de la conducta: los publicistas. Cuando le venden a un niño
una polera con el número de Bam Bam Zamorano o del Chino Ríos, están
cambiando la forma en que ese niño piensa sobre sí mismo. Están cambiando su
mundo interior. Cuando el niño entra a la cancha a chutear la pelota, o a jugar
tenis, inconscientemente adopta los valores, estilos, maneras - lo que pueda- de
su héroe. En cierto sentido se convierte en la persona que admira. El contenido
de esta situación puede ser trivial, pero el proceso no lo es.
El proceso da forma a través de la
imaginación. Es en la imaginación donde reside el poder de cambiar.
Los publicistas no razonan con
nosotros; capturan nuestra imaginación. Mucha gente argumenta locamente “A mi
no me influencia la televisión porque los comerciales no me hacen sentido.”
Pero hay demasiado dinero y cerebros metidos en el cuento de la publicidad para
darse el trabajo de persuadir con la razón. Ellos saben qué es mejor que eso.
Apelan a nuestra imaginación.
La apelación a la imaginación está
en contraste directo con otras dos formas de intentar cambios. La primera es la
mencionada apelación a la razón: “Sólo deja de esforzarte por convencer y
comienza a operar preguntando gentilmente" O "Deja de hacer maldades y
comienza a obrar bien". "No seas tan compulsivo y deja de preocuparte”.
Todos hemos oído este tipo de peroratas. Terapeutas,
instructores, mamás, dietistas, doctores - todos lo dicen, y todos sabemos que
no funciona. Este tipo de consejos ‘objetivos’ pueden ser ‘verdaderos’,
pero me pregunto ¿porqué rara vez generan algún resultado? Porque uno no da
forma a un diamante con una hoja de afeitar. A las simples explicaciones
racionales les falta poder.
Tampoco opera la apelación a la
fuerza de voluntad. Dile a una persona fóbica que relaje sus dientes y se
olvide de sus absurdos temores. El esfuerzo sólo lo hace peor. Pídele a una
persona que haga dieta o que dejé de fumar y ve si logra algo con su fuerza de
voluntad. O ponle delante la zanahoria que tu crees que puede atraer a alguien a
hacer algo que tu quieres que haga, de la manera que tu quieres que lo haga, y
ve si eso te resulta.
Es más fácil lograr cambios como
lo hacen los publicistas.
Engalanamos nuestro mundo interno
con las imágenes que exploramos y los cuentos que nos contamos, y entonces
vivimos del cuento en el mundo externo. Los cuentos, las metáforas, las parábolas,
interpretan nuestras vidas. Esas imágenes dan respuesta a las preguntas que nos
hacemos - y si nuestro comportamiento es muy extraño, y otros nos preguntan “¿Qué
piensas que estás haciendo?”, respondemos que lo que hacemos es encarnar
nuestra imaginación: “estoy representando quién pienso que soy, lo qué
pienso que Dios es, y como creo que es el mundo. La razón por la que mi
comportamiento te puede parecer extraño es que tu no conoces mis imágenes
internas, la cartografía de mi mente”.
Aquí pretendemos contribuir al
juego de las imágenes, proveyendo de una estructura al libre juego de la
imaginación para explorarla y capturarla a un nivel profundo, en el lugar donde
ocurre el verdadero cambio y donde la multiplicidad y diversidad de las imágenes
previenen el fanatismo y la rigidez. Ya que si usted vive sólo de algunas imágenes,
facilmente se instalará en el fanatismo o el fundamentalismo.
En el mundo de las imágenes hay
abundancia: suficiente de todo lo que requiero y quiero, y cuando con ellas
construimos nuestras vidas podemos vivir vidas colmadas de abundancia. Podemos
encontrar resolución a todos nuestros objetivos y problemas, enriqueciendo
nuestros propios recursos internos y nuestro amor. Donde hay Amor y Juego en
abundancia, todo abunda. Pero sólo podemos ver esto que no vemos, oír esto que
no escuchamos y sentir esto que no sentimos, cuando despertamos de nuestros
trances y nos reconciliamos con el mundo a través de nuestra imaginación.
Los
Trances En Que Vivimos.
Los trances en que vivimos no son
algo esotérico, misterioso o inusual. Son una forma de prestar atención sólo
a algunos aspectos selectos de entre la asombrosa multiplicidad de la vida.
Todos experimentamos trances de un tipo o de otro. Yo veo las cosas de una
cierta manera a medianoche, pero en la mañana “las cosas parecen diferentes”.
Decimos que las cosas “parecen distintas” porque no queremos admitir que no
vemos las cosas como son. Estando con hambre o justo después de haber terminado
una buena comida cambia nuestro foco de atención y la jerarquía de nuestros
valores de manera dramática. Pocos trances pueden igualar el foco de atención
inducido hormonalmente por nuestro primer enamoramiento. La fatiga, la cafeína,
un vino fino o uno barato, la noticia de que tu puesto de trabajo será
eliminado, tu hija llamando del hospital - todos estos hacen que partes de tu
mundo aparezcan en foco y que otras partes queden en suspenso instantáneamente.
Técnicamente estos son trances. Son
estados de la mente en que uno se enfoca en un aspecto - o en unas pocos
relacionados entre sí- y excluye todo lo demás. Son estados alterados de
conciencias. Locos.
Algunos terapeutas contemporáneos,
especialmente aquellos que usan la hipnosis que desarrolló Milton Erickson y la
Programación Neurolingüística, -que
en sus origenes también está asociada a la hipnosis-, examinan aun más
profundamente esto de la visión y la audición selectiva. Erickson utilizaba
historias, cuentos, metáforas, e intervenciones simbólicas para cambiar
comportamientos de toda la vida de gente que acudía a él, y en tan sólo una
sesión. Su reconocido genio hizo de la hipnosis una herramienta clínica
respetable. La convirtió en una herramienta seria y así reveló que todos
nosotros estamos hipnotizados en algún aspecto, y que cambiando nuestro trance
hipnótico, podemos cambiar nuestras vidas. Erickson posibilitó que comprendiéramos
que no podemos ver aspectos importantes de nuestras vidas si “no ver” fue
nuestra forma de arreglarnoslas con la realidad en una época temprana de
nuestras vidas. La palabra “trance” se convirtió en una forma corriente de
referirnos a las distorsiones de las percepciones que existen a diversos niveles
y de muchas formas. No es una misteriosa pérdida de sí mismo o de la voluntad
inducida por un agente externo como lo muestran en la Tele; es algo que nos
hacemos a nosotros mismos de tal manera que no tengamos que mirar los
acontecimientos que nos dan temor o cuyo manejo nos resulta repulsivo. Las víctimas
de abusos sexuales nos dicen que ellos no pueden sentir durante la interacción
sexual. Están en un trance. Sienten pero no sienten.
Pero no se requiere algo tan extremo
como un abuso sexual. Puede ser un habito cultural. Como la historia de una
machi mapuche que viajó por primera vez a la gran ciudad, y transitando por una
calle, repleta de gentes hablando en las veredas y de vehículos tocando sus
bocinas, de pronto le dice a su acompañante. “Escucha, oye esos grillos”.
El otro no lograba oírlos. La mujer lo lleva a un lado y le muestra los grillos
en el jardín que hay junto a la vereda por la que van caminando, y sólo
entonces, luego de verlos logra oírlos. “Es sólo cuestión de a qué le van
prestando atención tus oídos.” le
dice la mapuche. “Observa” le dice y saca unas monedas de su bolsillo y las
deja caer al suelo. Todos los que estaban a su alrededor e incluso a más de 10
metros de ellos se detuvieron a mirarlos.
Toda la gente que iba pasando estaba
atenta al dinero. No a los grillos. Técnicamente, según la hipnosis, estaban
todos en trance. De manera similar, todos nosotros nos encontramos en trances
semejantes, cada uno en el suyo, haciendo y sirviendo nuestros propios propósitos.
El doctor Stephen Wolinsky, autor de
“Los Trances que Vivimos” (Trances People Live, 1991, The Bramble Company),
es un terapeuta en la tradición de Milton Erickson. El argumenta que no sólo
nos encontramos todos en trances personales y culturales, sino que también
“el fenómeno del trance es la manera en que creamos y mantenemos nuestros síntomas”.
Con esto quiere decir que todas nuestras conductas y sentimientos neuróticos
tienen su raíz en nuestros trances. No nos comportamos en forma neurótica
cuando vemos el mundo de manera flexible. Si encontraramos una forma de
quebrantar nuestros trances, podriamos liberarnos de muchos
comportamientos y sentimientos dolorosos y destructivos que nos llevan a
esa conducta.
Simplificando mucho este punto:
“Como resultado de eventos repetitivos o traumáticos del pasado, paramos de
ver, oír o sentir. Entonces nos comportamos de una manera que es apropiada para
nuestra visión truncada o distorsionada del mundo. Permanecemos enactuando este
estado temprano". Un ejemplo cultural sencillo es el de los ganadores de la
lotería que siguen comprando en el mercado persa o en los baratillos. ¿Porqué?
Porque no pueden dejar ir una visión del mundo en la que eran pobres.
Así la gente saludable, iluminada,
o santa, hace las cosas que funcionan. La gente enferma, neurótica y pecadora,
hacen lo que les funcionó en otra época.
Noten lo dinámica que es la
observación de Wolinsky. Hacemos las dos cosas juntas: crear y mantener
nuestros síntomas a través del trance. Un trance no es sólo un par de
anteojos coloreados a través de los cuales vemos el mundo; es una poderosa
sugestión sobre cómo funcionar en un mundo como éste.
Así ocurre también con las metáforas
en las que vivimos. Por ejemplo cuando consideramos un desacuerdo en una
conversación como una disputa, entramos en un trance al sobreimponer a las
dimensiones estructurales de una conversación la estructura multidimencional de
partes de nuestras imágenes o concepto de la guerra. De este modo,
inadvertidamente comprendemos una actividad, hablar, en términos de otra, la
pelea física. Esto se refleja en nuestro uso de la terminología de la guerra
cuando hablamos acerca de los puntos de enfrentamiento de las discusiones y
hablamos de ganar o perder una discusión, ganar o perder terreno, estar a la
defensiva, e incluso de golpear a nuestro adversario. Y al estructurar nuestra
experiencia de la conversación en términos de la gestalt de la guera le damos
coherencia a una forma limitadora de funcionar.
Desafortunadamente esta forma de
pensar es un círculo vicioso: si golpeas
a la gente ellos se comportarán como enemigos. Un antidoto: hagamos volar
nuestra imaginación para encontrar las imágenes que si nos permiten funcionar
para construir un mundo en el que todos queramos convivir.
En Juegos con Metáforas encontrará
patrones para echar a volar su imaginación.
Si quiere un poco de ayuda para practicar esos patrones, participe en uno de nuestros talleres.
Consultas a Humberto del Pozo:
Teléfono (56 2) 369 2693
o celular 09- 8113209