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NIGHTWALKING (Caminata Nocturna)

de Nelson Zink  (traducido por Humberto del Pozo) 

Todo comenzó una tarde hace algunos años. Conversando con un amigo, nos pusimos a hablar sobre la gente que tiene la habilidad de ver más lejos o más profundamente o más claramente que el resto de nosotros, esos individuos excepcionales que son maestros en llegar a decisiones sorprendentes en situaciones complejas y ambiguas.

Comenzamos a especular sobre la posibilidad de que esas personas no eran sólo más inteligentes y creativas que el promedio sino que quizás vieran el mundo de una manera diferente. Al buscar conexiones directas entre los significados literales y figurados de palabras tales como vista y visión, lentamente se nos hizo evidente que estabamos encaminados hacia algo interesante. Revisamos la biología de la visión y descubrimos que dentro del ojo y del cerebro hay estructuras neuronales que facilitan una forma de ver radicalmente diferente de la que estamos acostumbrados a usar. Confirmamos que hay, de hecho, una base neurológica para un segundo tipo de visión distintiva, y que esta manera de ver se encuentra a disposición de todos nosotros todo el tiempo.

Investigamos referencias que pudieran arrojar luz sobre este segundo tipo de visión y encontramos una sucesión de textos desde los Taoístas de la China antigua hasta los libros de Carlos Castaneda que hablan de un cierto tipo de mirada que todo lo ve. Es difícil saber si los autores están hablando en forma literal o metafórica, pero el caso de Miyamoto Musashi, un legendario espadachín japonés del siglo XV, es diferente. Él presenta en forma perfectamente clara una de las descripciones más interesantes sobre los poderes de la visión periférica. En el Libro de los Cinco Anillos, Musashi se refiere a dos tipos de visión que el llama Ken y Kan. Ken registra los movimientos de los fenómenos de superficie; es la observación de las apariencias superficiales. Kan es el examen profundo de la esencia de las cosas, ver a través o dentro. Para Musashi, Ken es ver con los ojos, Kan es ver con la mente. Aunque por cierto, Musashi no tenía una comprensión de la biología de la visión, estaba agudamente consciente de la diferencia entre la visión por los conos y los bastones.   

Estudiamos la ciencia de la visión y comenzamos a pensar en la retina dividida en dos áreas: la fovea y la mácula, ambas con latas concentraciones de conos, y la periferia dónde predominan los bastones. En términos breves, visión por los conos y visión por los bastones, responsables respectivamente por la visión focal y la periférica. Una manera de entender rápidamente la extensión de estas dos regiones es extendiendo sus puños directamente frente a usted, uno al lado del otro. Sus puños cubren el área aproximada que es vista normalmente con los conos, el resto de su campo visual es mediado en gran medida por los bastones.  Por tanto es evidente que solo  un pequeño porcentaje de nuestro campo visual total esta claramente enfocado. Prestar atención sólo a esta región resulta en lo que se denomina corrientemente visión de túnel -- figurativa y literalmente, como hemos llegado a creer.

Se nos hizo evidente que muchas de las percepciones tras las cuales andábamos vienen de la habilidad para observar el mundo y a nosotros mismos desde un "punto de vista diferente", de una manera más amplia, desde un contexto sin obstrucciones. Con el tiempo, lo obvio nos fue evidente:  la experiencia de revelación, aprendizaje rápido, invención, creatividad, intuición, y quizás incluso el cambio personal tiene una conexión directa con la segunda visión, una visión que depende en forma casi completa de la capacidad del cerebro para procesar la visión periférica.

Montamos un alambre delgado, de aproximadamente unos 25 cm., en las viseras de nuestros jockeys. Luego salimos al exterior y mientras nos enfocábamos en las puntas de los alambres, comenzamos a caminar, moviéndonos con precaución a lo largo de una antigua huella dejada por jeeps. Pronto notamos que nuestros pies parecían saber qué hacer. Pisamos sobre y alrededor de obstáculos en el suelo sin ser capaces de verlos de manera consciente. Fue patente que nuestras mentes no-conscientes podían ver el suelo directamente delante nuestro perfectamente bien. En una hora nuestro campo de visión comenzó a aclararse, y ambos nos sentimos llenos con el fenómeno de ver doble.  Al caminar detrás del otro, una podía ver dos personas idénticas delante de uno, caminando uno al lado del otro, ambos haciendo idénticos movimientos.  Una especie de paradoja Zen emergió en torno a cual de los dos era el real. Más tarde comprendimos que la solución a esta y otras paradojas sobre "la realidad" es una parte importante del aprendizaje del uso y la confianza en la segunda visión.

Nuestras lecturas nos recordaron que la oscuridad es una condición en la que la visión periférica (bastones) es lejos superior a la visión focalizada (conos).  La visión nocturna se realiza casi completamente a través de los bastones, los que por sus conexiones neuronales y forma física son muy sensibles a la luz. En la oscuridad los conos son prácticamente inútiles, así que se nos ocurrió  caminar en la oscuridad para forzarnos a desarrollar una visión periférica mucho mejor. Estabamos tras algo. Modificamos el direccionador de alambre pintando sus puntas con pintura luminiscente e incrementamos nuestra ingesta diaria de Vitamina A.

Escogimos una zona donde no habíamos estado antes y comenzamos a caminar a la hora de la puesta del sol. Durante la primera hora de caminata notamos todos los giros en nuestras sensaciones internas que nos eran familiares. Y entonces sucedió algo extraño; penetramos la noche.  Realmente no tenemos una descripción mejor. Cuando fue evidente que podíamos ver perfectamente bien, la noche cobro vida. Conejos brincando, murciélagos e insectos volaban sobre nosotros probándonos. Nuestros pasos se hicieron más ligeros, caminar se aproximaba al estado de volar. Sentimos como si hubiéramos penetrado completamente en el segundo tipo de visión. A medida que adquirimos competencia para ver en la oscuridad, nos encontramos corriendo por arroyos y escalando cerros empinados en lo más negro de la noche, mientras todo el tiempo mirábamos la punta de nuestros alambres. Con la calma de Caminar a Oscuras, descubrimos que la ansiedad y el miedo de la oscuridad, tan comunes en nuestra cultura, se elimina de manera efectiva. Nos tomo algún tiempo comprender lo que estaba ocurriendo, pero nuestra teoría es la siguiente:  caminar mientras uno lo hace  sólo con la segunda visión requiere que la mente consciente confíe en la no-consciente, y esta relación de confianza entre las partes internas de nuestra mente es la esencia misma de la relajación.

La Caminata Nocturna se convirtió en una de las vivencias más consistentemente relajantes y auspiciosas jamás experimentadas por ambos. Los cuentos, antiguos y modernos, resultaron ser verdaderos; el empleo de la segunda visión si facilita un cambio distintivo en la percepción y sentido de bien-estar. Por más de un año probamos y refinamos tanto el ejercicio como el equipamiento. Comenzamos preguntándonos si Caminar a Oscuras sería tan útil y excitante para otros como lo es para nosotros. Así planificamos un entrenamiento que se dividía en cuatro sesiones de alrededor de tres horas cada una, cubriendo diversas topografías y sus concomitantes desafíos.

El primer grupo de una docena de alumnos se reunió poco después de la puesta del sol en el lecho seco del Río de la Truchas, ubicado en "Bureau of Land Management land entre las ciudades de Santa Fe y Taos, en New Mexico. Con una sensación de misterio y excitación este primer grupo partió, caminando en fila india hacia el interior mismo de la oscuridad más negra. En un lapso de tres horas casi todos pudieron vivenciar un campo visual pleno, tenían pocos problemas para caminar sobre terrenos accidentados, y habían experimentado esa sensación característica de calma y alegría. En la segunda sesión ya la mayoría podía mover su atención de un lado a otro dentro de su campo visual sin mover sus ojos y se sentían cómodos en la oscuridad. Llegados a la tercera sesión todos podían correr por el lecho seco y pedregoso del río, sobre las rocas y los ripios, en la noche usando sólo su segunda visión.  Durante la cuarta sesión miembros del grupo podían asumir el liderazgo y encontrar su camino sin errar en lo más oscuro de la noche más negra. Luego de doce horas de práctica, virtualmente todos en el grupo podían entrar a la segunda visión a voluntad, algo que a nosotros nos había tomado un año dilucidar y dominar con maestría.

Se puede argumentar con fuerza que sin la visión focal los seres humanos no habrían desarrollado la tecnología, o la civilización que conocemos.  Sin la habilidad de enfocarnos agudamente, los humanos no podrían haber creado las herramientas para hacer las máquinas que poseemos hoy en día. Y así en los países industrializados, nos hemos convertido virtualmente en adictos al tipo de visión focalizada requerida para leer, escribir, y el trabajo de oficina y manufactura.  Pasamos la mayor parte del tiempo con los ojos enfocados en lo que tenemos sólo a unos cuantos centímetros de nuestras narices.

No siempre fue así. Para la gente que vive al exterior, la visión periférica es crítica para mantenerse vivos. Puede que sea tiempo de redescubrirla, puesto que con la visión periférica podemos absorber de una mirada una tremenda cantidad de información --un paisaje completo por ejemplo, o toda una situación.  Como hemos perdido nuestro conocimiento y experiencia de esta habilidad visual, nuestra capacidad para accesar las habilidades mentales relacionadas también ha disminuido. Hemos llegado al convencimiento de que en términos de estructura y proceso, las diferencias entre la primera y la segunda atención es la misma que entre la visión focalizada y la periférica.

En la actualidad una nueva revolución en el ámbito del diseño de las computadoras está en curso, a medida que el procesamiento en paralelo está comenzando a reemplazar el diseño estándar.  En lo fundamental se trata de la diferencia entre el procesamiento secuencial y el simultaneo, una que es paralela a la diferencia entre la visión por los conos y los bastones.  Están cableadas de manera diferente y por lo tanto son dos especies completamente diferentes de animales. Afortunadamente usted no va a requerir un recableado de sus circuitos cerebrales, un poco de reprogramación hará el truco. Usted ya tiene los circuitos en su debido lugar, profundamente embutidos en sus ojos y cerebro, listos para ser activados por el uso de su visión periférica. Literalmente la mente se reenfoca automáticamente y comienza a procesar información de una manera completamente distinta que lo puede conducir a revelaciones y comprensiones novedosas y únicas.

"Comprender" en nuestra cultura es usualmente sinónimo de visión focalizada --un supuesto que esta perdiendo sus credenciales a medida que nuestro mundo se pone crecientemente más complejo. Los procesos cerebrales que usamos con nuestra visión focal no están diseñados para reunir cantidades masivas de información ambigua y destilarla en una "comprensión."  Por otra parte los bastones en la retina y los circuitos cerebrales activados por los bastones están adaptados de manera ideal para este propósito. La sabiduría es la provincia de la segunda atención, no la mente enfocada, porque "ver claramente" no es ver con los ojos sino con la mente.

Para aquellos que quieran una experiencia directa con la segunda visión, aquí hay algunas recomendaciones. Arregle un gorro de esos deportivos con visera y ajústelo para que la punta del alambre este en línea directa con su nariz al nivel de los ojos.  Enfóquese en la punta al caminar alrededor de su casa. Luego intente caminar por el jardín. Evite los lugares en que puede haber trafico o riesgo de que algo le caiga encima. Hay básicamente dos pasos en el aprendizaje de la segunda visión.  El primero es percatarse que su mente no-consciente puede ver dónde está usted caminando aún cuando su parte consciente no puede.  Al comienzo su visión le va a parecer borrosa. Preste atención a todo el campo de visión, lejos hacia sus costados, y hacia arriba y abajo.  Lentamente será capaz de percibir un campo de visión bastante claro con sólo el centro borroso (visión de  los conos), de hecho duplicada. A medida que su campo de visión comienza a aclararse tómelo como una indicación de que esta girando hacia una segunda visión.

Ahora la segunda parte: Usted puede examinar elementos dentro de su campo visual moviendo simplemente su atención hacia ellos. Note que dije atención, no ojos. Sus ojos deben permanecer constantemente en la punta del alambre. De esto se trata realmente la segunda visión, el uso de la visión periférica y la mente para obtener y procesar información visual.

La primera parte le tomara alrededor de tres horas, la segunda más o menos la misma cantidad de tiempo. Manteniendo sus ojos enfocados en la punta del alambre mientras camina, usted llegara quebrar dos hábitos visuales muy fuertes --el apoyo en la visión de los conos y mover los ojos a nuevos puntos de interés. Cuando haya adquirido maestría en ver periféricamente sin mover sus ojos, la segunda visión será suya, usted tendrá la mirada.  El resto es sólo práctica.

Aunque la habilidad para navegar en la noche es interesante, útil e incluso excitante, la importancia de Caminar a Oscuras es la concomitante expansión de las destrezas mentales periféricas. En esencia lo que estamos explorando es una forma expandida de ver, en ambos sentidos de la frase.  En un mundo complejo y en movimiento rápido, las habilidades mentales periféricas pueden ser la onda del futuro. Las preocupaciones por el futuro, la globalización, el medio ambiente, la economía y la política demandan la comprensión de cantidades masivas de información sobre sistemas y estructuras de creencias diversas pero fuertemente interrelacionadas. Este es el dominio del pensamiento periférico, la parte nuestra que percibe tanto lo sutil como lo profundo, la única forma de ver y comprender el bosque en su conjunto.

¿Quieres prácticar estos patrones? Entonces... ven a uno de nuestros talleres o contáctate con Humberto del Pozo

Teléfono (56 2) 369 2693

Santiago, Chile.  

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